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Endesa - Luz, gas, personas

Los ahorradores de energía que no ahorran

Publicado el 18 julio 2019

Un ahorrador de energía es un pequeño dispositivo vendido por varias marcas con la promesa de que te hará malgastar menos electricidad. Al reducir derroches en tu consumo, debería notarse en tu factura. Pero ¿hay algo de verdad en esto?

¿Qué es un ahorrador de energía?

Aunque los hay de todos los tipos y colores, lo más frecuente es que se trate de pequeños dispositivos que incorporan su propio enchufe. Asemejan a un cargador de móvil, aunque suelen ser algo más grandes y vistosos. También suelen ser baratos: los modelos más vendidos oscilan entre 5 y 35 euros.

Pero insistimos: bajo este genérico concepto hay un poco de todo.

Lo que tienen en común los ahorradores de energía comercializados por diferentes marcas son sus dos ganchos principales:

  • 1. Su instalación no puede ser más simple: basta con enchufarlos
  • 2. Prometen ahorrar en la factura de la luz

Ante esta información, resulta evidente el éxito que tienen entre una buena parte de población. Ahora bien, ¿es realmente cierto todo lo que prometen?

¿Cómo funciona un ahorrador de energía?

Un ahorrador de energía es un dispositivo que presume de utilizar la más alta tecnología para eliminar la energía sobrante generada por picos de potencia que producen algunos electrodomésticos.

Esta energía sobrante o residual es la llamada energía reactiva. A diferencia de la energía activa, no se puede consumir y no te sirve para nada. Se genera en electrodomésticos que tienen motor (nevera, lavadora, lavavajillas…).

Su aspecto exterior no indica que nos encontremos ante un artilugio especialmente complejo y, efectivamente, un ahorrador de energía es fundamentalmente un condensador eléctrico.

Sin entrar en tecnicismos, lo que hace este condensador es capturar la energía residual y volver a distribuirla dentro del sistema de tal forma que realmente se consuma (energía activa). Es decir: minimizan la energía reactiva y las subidas de tensión.

Los aparatos llamados ahorradores de energía prometen eliminar la energía sobrante o residual para que así tu casa sea más eficiente

¿Sirve para algo un ahorrador de energía?

Una cosa son las promesas de los fabricantes y otra la realidad. ¿De verdad estos aparatos ahorradores de energía nos van a ayudar a reducir nuestra factura de la luz?

El principal problema de los ahorradores de energía es que están vendiendo a los hogares una solución que en realidad está pensada para las industrias.

La energía reactiva existe, por supuesto, pero en tu casa su presencia será mínima. En cuanto a las subidas de tensión, en redes estables como las de las ciudades no tienen que ser un motivo de preocupación para ti. Sin embargo, en instalaciones industriales la energía reactiva sí que juega un papel importante y por eso recurren a baterías de condensadores, que serían la versión “profesional” de estos ahorradores de energía de los que estamos hablando. Más grandes, más serios y mucho más efectivos.

Por otro lado, además de su cantidad hay otra diferencia fundamental entre la energía reactiva que puede generar tu casa y la de un negocio o industria: a nivel doméstico la energía reactiva no se cobra, por lo que no repercute en tu factura (a nivel industrial sí que se incluye en la factura).

En conclusión:

  • Para tu consumo de energía (kWh): con respecto al sistema de ahorro de energía residual, es cierto que se cumple en ámbitos industriales (con un “ahorrador de energía” en condiciones, es decir, baterías de condensadores). Pero en ámbito doméstico el nivel de ahorro es desdeñable.
  • Para tu potencia contratada (kW): cada aparato electrónico exige una potencia determinada y esta es inamovible, independientemente de que le instalemos un ahorrador de energía.

La ciencia detrás de un ahorrador de energía es cierta, pero se aplica a ámbitos industriales y no tiene gran interés a nivel doméstico

¿Cómo ahorrar entonces en la factura de la luz?

Hábitos saludables energéticamente hablando

Lo primero que hay que tener claro es que solo existe una fórmula para ahorrar energía y es no consumiéndola.

Por ejemplo: dejar electrodomésticos en stand-by puede costarnos unos 5 euros al mes.

La iluminación de tu casa también cuenta: una bombilla LED puede durar unas 50.000 horas, mientras que las clásicas incandescentes no llegaban a las 1.000.

Métete esta idea en la cabeza: la energía que no llegas a gastar es imposible que acabe en tu factura.

Apuesta por la domótica

La domótica es el control inteligente de los dispositivos electrónicos de tu hogar, concretamente el apagado y el encendido. Resulta cada vez más esencial utilizar esta tecnología en nuestro beneficio ya que reducen los tiempos de consumo y minimizan el impacto por los olvidos.

Sensores de movimiento, apagado automatizado o pedírselo directamente a Alexa, todo vale para ahorrar en tu factura de la luz a la vez que contribuyes al bienestar del planeta.

Contrata solo la potencia que necesitas

Con la potencia pasa como con muchísimas cosas en la vida: es igual de malo pasarse que quedarse corto.

Te recomendamos este contenido sobre cómo entender la potencia contratada y contratar solo la que necesitas.

Elige una tarifa que se adapte a ti

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Por mucho que adoptes hábitos saludables, vas a seguir consumiendo energía… y por eso te conviene que esa energía se te cobre lo más barata posible.

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