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Endesa - Luz, gas, personas

Las 5 preguntas que hacerte al comprar un aire acondicionado

Publicado el 27 junio 2019

Nuestro bienestar durante los meses calurosos depende en buena medida de nuestro sistema de aire acondicionado. La mayoría de la gente falla al responder a las preguntas esenciales que debes hacerte antes de comprar.

El verano pone a prueba tu tolerancia al calor, pero poner a punto tu aire acondicionado es algo sencillo. El reto llega si aún no tienes aire acondicionado o si quieres sustituir el que tienes.

¿En qué te vas a fijar para elegir? ¿Cómo te decidirás por uno u otro modelo? Es en este punto donde resultan cruciales las siguientes 5 preguntas. Si te sabes la respuesta, aprobarás con nota.

1. ¿Qué sistema elegir?

Aquí la respuesta es sencilla porque tienes que elegir entre estas tres alternativas:

  • Aire acondicionado en dos unidades: el más extendido y común, con una unidad o split interior (la que enciendes con el mando y expulsa aire frío) y otra unidad o split exterior (la que está fuera de casa). Entre las ventajas que les han hecho dominar el panorama destacan su potencia y su eficiencia, tanto para proporcionar frío como calor. Su desventaja es que el proceso de instalación, sin llegar a ser complejo, sí que es más complicado que el de las otras opciones.
  • Aire acondicionado compacto o de ventana: incorpora las dos unidades en una sola estructura, normalmente de forma cúbica (asemeja a un microondas gigante). Hace décadas eran el aire acondicionado más común (sobre todo en los edificios de oficinas). Su instalación es sumamente sencilla, pero son menos eficientes que los que tienen dos unidades separadas.
  • Aire acondicionado portátil: pequeñas torres con ruedas que puedes mover por la casa según tus necesidades. Son poco eficientes y solo tienen sentido como solución rápida para refrigerar habitaciones pequeñas (preferiblemente de 20 metros cuadrados o menos).

Tendrás que decidir en función de tus ambiciones para el aire acondicionado, desde lo más básico (portátil) hasta lo más avanzado (en dos unidades), con la versión compacta como una vía intermedia.

2. ¿Qué potencia necesitas?

Hay que empezar aclarando que en la respuesta de esta pregunta juega un papel importante el grado de eficiencia energética de tu vivienda.

En términos generales, se suele estimar una potencia de 100 frigorías por metro cuadrado. Tenemos que convertir las frigorías a kW, que es la medida que usamos para la potencia eléctrica. Lo hacemos multiplicando las frigorías por 0,86 y dividiendo el resultado por mil.

Con lo cual, para 30 metros cuadrados nos salen 3.000 frigorías o 2,58 kW. Esta sería la potencia necesaria para un aparato de aire acondicionado destinado a refrescar una habitación grande.

La potencia del aparato va a acabar engordando nuestra factura: a mayor potencia, más pagaremos. Por eso es importante tener en cuenta que elegir un aparato con más potencia de la que necesitamos no va a significar una mejor climatización, sino simplemente un mayor gasto (tanto al comprar el aparato como después, regularmente, en la factura de la luz).

La opción contraria al derroche sería conformarnos con un ambiente agradable, rebajar la estimación a 50 frigorías por metro cuadrado y elegir un sistema inverter, que es capaz de mantener una temperatura estable mientras funciona al 40% del rendimiento máximo. Así conseguiríamos pagar menos en la factura y, al mismo tiempo, ser muy eficientes.

Calcula que necesitarás un aire acondicionado con potencia en torno a 2,58 kW para refrescar una habitación grande.

3. ¿Qué etiqueta energética elegir?

Es fácil desorientarse con unas etiquetas de eficiencia energética que son más simples de lo que aparentan.

La clasificación de eficiencia energética de los aparatos de aire acondicionado establece un baremo por letras que van desde la A, los de mayor eficiencia, a la G, los de menor eficiencia energética.

A su vez, la etiqueta de cada aparato nos brinda información sobre su rendimiento por zonas climáticas, su eficiencia energética estacional en frío (SEER) o su correspondencia en calor (SCOP).

Con estos datos nos es posible determinar qué modelo de aparato se ajusta mejor a nuestras necesidades y variables. Si dentro de ellos nos decantamos por un sistema con una calificación energética A, podremos estar considerando una reducción en el consumo de electricidad de un 30%.

4. ¿En qué más fijarse al elegir aire acondicionado?

Hay una serie de factores ajenos al propio aparato de aire acondicionado pero que van a influir de manera decisiva en su funcionamiento. Se trata de características de nuestra casa:

  • La calificación energética del inmueble: entre otras muchas cosas, el aislamiento de los muros y suelos hará que perdamos más o menos frío en más o menos tiempo, repercutiendo en el esfuerzo que deberá hacer el aire acondicionado (lógicamente, a más esfuerzo más gasto).
  • El clima en el que vivamos: un agosto en Sevilla no es igual que un agosto en Santander.
  • La orientación de la vivienda y su grado de exposición al sol directo.
  • Los metros cuadrados de ventanas y puertas al exterior.
  • La longitud de muros a fachada.
  • El número de personas que van a coincidir habitualmente en la misma habitación.

En términos generales, cuanto peor sea la calificación energética del inmueble, más severo sea el clima, más expuesta esté la vivienda y más gente viva en ella… necesitaremos un aire acondicionado de mayor potencia.

5. ¿A qué temperatura poner el aire acondicionado?

Según los datos del IDAE, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, la temperatura óptima de nuestros hogares durante el verano es de entre 23 y 25 grados. En ningún caso habría que regular el aire acondicionado por debajo de estas temperaturas.

No es solo por el impacto en tu factura o en la eficiencia energética. También debes tener en cuenta que poner el aire demasiado fuerte tiene consecuencias nocivas para tu salud.

Sin embargo, la sensación de bienestar térmico puede variar mucho de unas personas a otras. En ella influyen desde aspectos como el metabolismo de cada individuo hasta el aislamiento térmico que proporciona la vestimenta de cada uno.

De esta forma, el concepto de confort en espacios que son compartidos, como viviendas y oficinas, tiende a ser dispar. Basta señalar que las diferencias de metabolismo entre hombres, mujeres y niños pueden moverse en márgenes de más del 25%.

No pongas el aire acondicionado demasiado fuerte: entre 23 y 25 grados es la temperatura recomendada por el IDAE.