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Endesa - Luz, gas, personas

¿Qué cocina es mejor? ¿Inducción, gas o vitrocerámica?

Publicado el 12 agosto 2019

Como en todo lo que afecta al paladar, el debate es interminable: ¿cuál es la mejor cocina para tus platos? La respuesta depende de tus preferencias y de tu estilo de vida. Cocina como vives, vive como cocinas.

Es perfectamente posible cocinar gastando muy poca energía. Lo que no es tan fácil es poner de acuerdo a los defensores del gas (argumentan que el calor vivo es lo que da sabor) con los fans de la inducción (responden que la higiene es lo primero) y los seguidores de la vitrocerámica (dicen que nadie vive más cómodamente que ellos).

La polémica está servida a todos los niveles, desde los grandes chefs que abogan (y anuncian por la tele) uno u otro sistema hasta las personas normales que quieren cocinar igual que viven. ¿O vivir igual que cocinan? En cualquier caso, que la respuesta sea: bien.

¿Inducción, gas o vitrocerámica?

Lo cierto es que cada opción tiene sus pros y contras, por lo que lo ideal es elegir una u otra en función del uso que le vayamos dar y, sobre todo, de nuestras prioridades en la cocina… y en la vida.

Inducción: limpio y rápido

Un cocinero por inducción podría presentarse como un chef exprés: no existe a día de hoy nada más rápido y moderno para despachar los platos.

Aunque a simple vista parecen una placa vitrocerámica (superficie vidriada o de cerámica), la magia está por dentro. Se encienden y no se calientan. Pones la mano encima y no te quemas. La explicación son las ondas electromagnéticas que sirven para calentar el recipiente (en lugar de las clásicas resistencias eléctricas).

Una cocina por inducción funciona porque magnetiza el material del recipiente. Para que esto pueda ocurrir, la inducción utiliza unos recipientes específicos: cazos, cazuelas, ollas y sartenes que deben tener materiales magnéticos en su composición (hierro, cobalto o níquel, principalmente). Estos materiales, al ser magnetizados, se agitan y la energía se desprende en forma de calor.

A favor:

  • Se cocina más rápido: alrededor del doble que una vitrocerámica normal. El agua hierve antes y tus platos quedan listos enseguida, algo que algunos chefs valoran mucho.
  • Son muy seguras: si hay niños por la casa, la inducción te regala la tranquilidad de que no podrán quemarse por mucho que lo intenten.
  • No se pega la comida: dado que el calor no viene desde el fuego hacia la superficie del recipiente, no se te podrá pegar el arroz y dirás adiós a la comida carbonizada que tan difícil de limpiar resulta. También te despedirás de la comida que se caía sobre la vitrocerámica y quedaba allí petrificada.
  • Son las más eficientes: por encima del gas y la vitrocerámica.

En contra:

  • Solo pueden usarse con algunos recipientes: en concreto con los que incluyan materiales magnetizables (mayoría de metales y acero inoxidable, también los esmaltados). Las ollas y sartenes de aluminio, terracota, cerámica o cobre no funcionarán con la inducción. Simplemente, no se calentarán.
  • Son caras: aproximadamente el doble que su equivalente por superficie y potencia en placas vitrocerámicas.

La inducción es para los cocineros que priorizan velocidad y seguridad. La eficiencia al servicio del paladar.

Vitrocerámica: sencilla y funcional

Un cocinero de vitrocerámica es alguien adaptado a sus tiempos, que no se complica. No quiere ni correr ni quedarse atrás y entiende la cocina como una actividad funcional y sencilla: preparar comida de manera fácil.

Las placas de vitrocerámica ya llevan unos cuantos años en el mercado. Cuando salieron causaron furor entre los consumidores y también inauguraron la polémica de la que estamos hablando: ¿pierde mucho la cocina al despedirse de la llama? Si se destierra el gas, se destierra el fuego y hubo chefs que invocaron tradiciones milenarias para desaconsejar este cambio.

Por mucho que cueste aceptarlo, al final es una cuestión de gustos. ¿Sabe mejor lo que se cocina con llama? ¿Quién puede decidirlo? Nosotros no.

Lo que sabemos es que la vitrocerámica otorga una gran libertad al cocinar: se puede usar cualquier recipiente, es rápido, no hay posibilidad de escapes de gas y son una opción interesante en cuanto a la eficiencia energética.

A favor:

  • Se puede usar cualquier recipiente: es su gran punto de fuerza con respecto a la inducción. No tienes que complicarte la vida eligiendo ollas y es muy posible que un cocido o un guiso conserven mejor su sabor si permanecen en un recipiente de barro.
  • Conservan el calor residual: aunque no llegan a las cotas de eficiencia de la inducción, esto las convierte en una cocina eficiente que te hará ahorrar y respetar el medio ambiente.
  • Son relativamente baratas: en comparación con la inducción, gastarás aproximadamente la mitad en adquirir una placa de vitrocerámica normal.

En contra:

  • La limpieza puede complicarse: lo que se caiga sobre la placa quedará carbonizado y habrá que limpiarlo. La comida del fondo de los recipientes podrá pegarse si nos sobra calor y/o nos falta líquido (agua, aceite) en la mezcla. Además, una placa de vitrocerámica requiere un moderado mantenimiento (limpieza periódica con productos específicos) para conservarse en buenas condiciones y no rallarse.
  • No es la más segura: quedan descartados los escapes de gas, pero la placa quema mientras está activa y también un buen rato después de haber sido apagada. Si hay niños cerca, lo más prudente es usar las medidas de seguridad que la mayoría de los modelos incorpora (mandos que pueden ser bloqueados, pilotos de alarma que quedan encendidos mientras la placa está caliente).

La vitrocerámica es para la gente que no se complica y entiende la cocina como una actividad sencilla y funcional.

Gas: la opción gastronómica

No cabe duda de que una cocina de gas es la única de las tres opciones que permite cocinar con fuego, tal y como se hizo durante siglos y desde el principio de los tiempos. Según la mayoría de chefs profesionales, en algunas recetas es imposible alcanzar el resultado de sabor y textura que se consigue con el fuego. Esto explica que sea la opción elegida en muchos restaurantes.

Un cocinero de gas es un chef, o un aspirante a chef, que se niega a renunciar al fuego en favor de la modernidad. A nivel de paladar, parece ser crucial la posibilidad del gas de aportar una potencia calorífica muy alta desde el primer segundo tras el encendido.

A favor:

  • La preferida por los profesionales: con o sin fundamento científico, la realidad es que la mayoría de los chefs elogia el gas como mejor manera de conservar sabores y texturas.
  • Admite todo tipo de utensilios: aunque hay que tener en cuenta que algunos de ellos, dependiendo de su estructura, podrían sufrir quemaduras o desperfectos.

En contra:

  • No es la más segura: además de los peligros evidentes del fuego, es importante contar con una instalación de gas que sea revisada periódicamente.
  • Limpieza complicada: no es la cocina más práctica y rápida de limpiar.

La cocina de gas es la preferida por los cocineros profesionales y la que se usa en la mayoría de restaurantes.

¿Cuál es la mejor tarifa para cocinar?

El debate anterior nos lleva a otra pregunta: ¿qué tarifa de luz o de gas te conviene para cocinar?

En el mercado existen muchísimas opciones, y algunas de ellas te permiten personalizar tu tarifa para facilitar situaciones como por ejemplo que la energía te salga gratis durante las horas en las que más cocinas.

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